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lunes, 23 de febrero de 2009

1984,G.Orwell


Bueno,si vamos a seguir aquí,de momento:

Pavor. Eso es lo que sentí leyendo esta terrible distopía. Una novela que ha sido encuadrada dentro del género de ciencia-ficción, aunque uno no pueda dejar de sentir cierto acierto premonitorio cuando bucea entre sus líneas,a pesar de que fuera escrita nada más y nada menos que en 1948.


El libro nos presenta una terrible realidad en la que el gobierno central de Oceanía(que sería un equivalente aproximado de nuestra Europa actual) ejerce una impresionante tiranía en la que nada,absolutamente nada, ni siquiera los pensamientos de las personas, logran escapar de su control a largo plazo. Estamos en un continente plagado de cámaras y telepantallas, que se encargan de registrar todos y cada uno de los movimientos de las personas. El crimental(en neolengua, el idioma que trata de establecer el partido,literalmente, crimen mental) es castigado duramente: se vaporiza al sujeto en cuestión. Y con vaporizar a una persona nos referimos simplemente a borrar todas las pruebas de su existencia:simplemente pareciera que esa persona no haya existido jamás. Este es , para mí, uno de los puntos más dolorosos y a la vez chocantes de la novela: no existe ni tan siquiera el libre albedrío psicológico de cada persona, uno no es libre ni tan siquiera en su fuero interno.


Este fabuloso emporio está controlado por “El partido”, una organización sumamente jerárquica y organizada en la que la cabeza visible es el llamado “Gran Hermano”(sí, en efecto, os dolerán las gónadas si leéis este libro y oís a alguien hablando sobre las bondades del inefable programa de basura televisiva), una especie de ente mitológico cuyo aspecto se nos describe con detalle, si bien no podemos estar seguros de su existencia(aunque uno no pueda evitar la sensación de estar ante una suerte de alter ego del señor Stalin). Esta suerte de tirano moderno está a la cabeza de una gran estructura piramidal en la que cada persona tiene muy claro su cometido. Así , existen cuatro ministerios principales, que irónicamente se encargan de hacer exactamente lo contrario de lo que su nombre sugiere…El Ministerio del Amor se encarga de los castigos y las torturas,el de Paz se encarga de la guerra y de que ésta sea permanente,el de la Abundancia de la subsistencia de la masa(siempre al límite de la misma) y el que es quizá el más importante, el Ministerio de la Verdad, que se dedica a manipular o destruír los documentos históricos, para conseguir que las evidencias del pasado coincidan con la versión oficial de la historia. Es impresionante la impoluta y perfecta organización de este partido, del que , sorprendentemente, ni tan siquiera los más inteligentes o valientes son capaces de escapar, es más, no hay otra manera de escapar que la de someterse completamente, incondicionalmente, al Gran Hermano, y aun así nunca tendremos garantizado nada. Un descuido en sueños, una vaga pesadilla, un susurro en la noche, y algo nos delatará(tal y como se describe, en muchas ocasiones los propios hijos del futuro fósil, pues el lavado de cerebro llega a todos los que estén relacionados de algún modo con el partido).


Por encima de todo ello, la idea central de la novela es la maleabilidad de la historia. A nadie se le escapa que la historia que se impone es la historia de los vencedores, mas aquí debemos ir un paso mas lejos:¿Es posible modelar la historia a nuestro antojo, utilizarla para nuestros fines?¿Crear la sensación de que nada hay antes del partido, y que mientras exista la historia será lo que el partido quiere que sea? La primera respuesta intuitiva sería negativa, nadie puede impedir que alguien, en soledad, escriba un libro con la verdadera historia y que tras un capricho del destino o un giro en los portadores del poder cambie la concepción de la historia. Esa es una de las primeras cosas que uno descubre al avanzar el la lectura de la novela. El partido es eterno. Su labor de manipulación es tan profunda que , al menos en Oceanía, nada escapa a su control, ni tan siquiera los libros, es mas, estos son reescritos y adaptados a las ideas del mismo, destruyendo todo vestigio de lo que un día fueron. Así que no hay una opción real de escape a las garras del partido. Ni tan siquiera la guerra con los otros dos “supercontinentes” es una posibilidad, ya que la guerra, paradójicamente, no es sino un medio para garantizar la estabilidad del sistema. Además, el nivel de alienamiento es tal que una breve orden de la cabeza del sistema hará que millones de personas crean que están en guerra con el mismo país del que eran supuestos aliados pocas semanas antes, ya que nunca quedará prueba de tal alianza o enemistad. ¿Terrible, no?



De todos modos, en un conato de indómita rebeldía, el protagonista de la obra, Winston Smith, es capaz de salir del terrible alienamiento por un tiempo, decidiendo rebelarse. Descubre una supuesta corriente subterránea dentro del partido, una suerte de ‘bando contrario’ que lucha por la caída del partido. La supuesta cabeza visible de este otro bando es Emmanuel Goldstein(siguiendo con el paralelismo de Stalin, uno no puede dejar de pensar en Trotsky aquí), antiguo pilar del partido que parece trabajar en la sombra para derruirlo . Todo un viaje iniciático el que encontramos en el descubrimiento de todo esto por parte del protagonista, evolucionando de una inicial incredulidad(quizás incluso esperanza) al terrible pesar que hay detrás de la verdad de un mundo en el que nada, absolutamente nada, es lo que parece a simple vista. Una lectura realmente recomendable y un tétrico testimonio de lo que puede llegar a convertirse el mundo que pisamos, que sentimos todos los días.¿O es que acaso la paranoia por el terrorismo y la seguridad no podrían ser utilizadas como excusa para crear algo así? Que cada uno responda a esto en su fuero interno, mientras éste aún no suponga una amenaza para nuestras vidas.

 

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